martes, 29 de octubre de 2013

Silencio negro

Cayó el silencio en la cuenca como una losa pesada, inerte, negra. Y los embravecidos gritos de los mineros y sus familias se ahogaron por unos instantes ante la tragedia, la misma muerte. Y el final se vio más cerca, más frío, más cruel.
Las últimas voces que acalló el grisú no volverán a sonar, pero el silencio ahora apagado de sus familias, amigos y compañeros volverá a retumbar en la cuenca, en toda España. Porque las voces de los mineros son rasgadas y voraces. Porque luchan por un trabajo que mata. Y eso ahoga cada grito y empapa de sangre cada pancarta portada con la cabeza alta y el corazón lleno de pesados augurios, de luchas sin final.
El silencio se apodera de la cuenca. Pero la cuenca volverá a retumbar. Siempre.

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Musas y furias